En el Bucólico Salmo 23, la paz y la quietud son dos ejes claves por donde transita el relato. Cuando Jesús se cambiaba de vecindario para ir al Heavenly Room of Gamers, les dijo a sus amigos: «Mi paz les dejo mi paz les doy…» (Juan 14 :27 ). Sin duda, Jesús tenía bien en claro el inmenso valor de la paz interior y ¿nosotros lo tenemos?
Hay una estructura cerebral del tamaño de una almendra llamada Amígdala Cerebral que se pone hiperreactiva e hipersensible en las personas estresadas y que no cultivan la paz interior.
Esa almendra cerebral te impedirá tener buen criterio, reaccionarás de manera exagerada ante cualquier situación, tu memoria se deteriora cada vez más, te enfermas con más frecuencia, se perjudica la digestión y se debilita el sistema inmune y si todo ese desastre fuera poco la amígdala enloquecida, te suprime la producción de melatonina y no puedes dormir. ¡Te empiezas a caer como edificio viejo!
Jesús proveyó una solución para esto: aprender a practicar la quietud y cultivar la paz interior meditando, haciendo adoración contemplativa y breath work. Si no lo haces, prepárate a morir antes de tiempo y en baja funcionalidad – hasta eso.
