Es una pregunta que puede ser respondida de muchas maneras según el trasfondo cultural y teológico, pero el corazón de la Reforma es este: devolverle el control de todo al Espíritu Santo.
Es dejar de lado mis ideas preconcebidas de cómo tiene que ser la adoración, cómo hay que orar, cómo hay que ayunar, de qué forma debo alimentarme y cómo mejorar mi salud, también permitirle que reformatee mi cerebro y renueve mis pensamientos y creencias y hasta transforme mi biología.
El Blueprint, el diseño que El Espíritu Santo usará para esa tarea es nada más y nada menos que Jesucristo.
