En el Camino en espiral ascendente que es nuestra vida terrena, la espiritualidad es una pieza clave y fundamental porque si todo es energía entonces todo es Espíritu.
Hablar de espiritualidad implica hablar de Dios y Dios no es un concepto filosófico, no es un objeto ni una entidad extraterrestre. Dios es una persona como tu y como yo pero muy genial, altamente empatica y creativa cuya grandeza y belleza están mucho más allá de la mente analítica, la corteza prefrontal y el intelecto.
Siendo pura energía de altísima frecuencia, El Señor eligió condensarse materialmente en un cuerpo como el tuyo y el mío y eligió por nombre Jesús. El Padre de todas las energías (la tuya, la mía, la de la naturaleza, la de los animales y plantas, etc.) sometió a Jesús a un proceso de transformación personal integral que incluyó brain rewiring, resonance repatterning, biohacking y así Jesús pasó de ser un maestro nazareno muy popular, a ser Jesús el Cristo supremo Señor del Universo.
Yo conocí dos Jesús muy diferentes: uno el que me enseñaron en el seminario y en muchas escuelas; y otro el que experimenté al nacer de nuevo y sumergirme en Él.
¿Y qué puedo decir de Jesús? Que es mi cuate, mi pana, mi hermano mayor, mi parcero y un tremendo diseñador de software que siempre me repite: «la mente crea y el corazón atrae»; «Te doy autoridad delegada para cambiar el juego y crear una nueva realidad».
La plataforma de juego creada por Jesús se llama La Consciencia (El Mundo Espiritual) y tenemos acceso a ella a través de las ondas cerebrales. Aquí no hay mística – hay pura realidad espiritual científicamente comprobada.
