Ayer me preguntaron en el consultorio si yo pertenecía a la religión evangélica o católica por una cruz que llevo en el pecho. Mi respuesta fue: «primero que nada Dios no tiene religión ni denominación, yo no tengo religión, yo tengo experiencias diarias con Jesús».
Mi interlocutor se quedó pensativo y yo continué: «Hoy en día, la religión cristiana vive una crisis de la cual le echan la culpa a un personaje destruido y fuera de escena; y en hora buena que la religión esté en crisis. La religión te pone límites en cambio el Espíritu te da libertad. La espiritualidad – que es el camino en espiral ascendente – no me pone ningún límite y me permite seguir creciendo y evolucionar a una cada vez mejor relación con La Fuente de la Vida que es Jesús«.
La religión cristiana pretende ser la intermediaria entre Dios y los hombres porque vivir de la intermediación es buen negocio y te genera favores del sistema. No hay otra cabeza que Jesús y no hay otro intermediario entre el Padre y nosotros que no sea nuestro Hermano Mayor. Dios no genera congregaciones. Dios promueve comunidades y la mano de Jesús siempre está tendida para quien quiera una amistad genuina con el Creador y Sostenedor del Universo.
