El sistema generó una cultura materialista e individualista cada vez más decadente, así le pasó a un imperio que creyó iba a dominar al mundo con sus legiones y su fuerza cultural. La decadencia moral de Roma fue el inicio del fin.
Se está gestando un cambio colectivo de consciencia y la gente está entendiendo que hay un Mundo Invisible que gobierna al otro visible y que le concede a aquellos que despiertan y reconectan con su verdadero origen la posibilidad de dar vuelta la realidad y tener una vida más plena y saludable.
Hoy por hoy ser revolucionario es reír, meditar, orar con el sentimiento y no con palabras y vivir desde la realidad más elevada. Ser revolucionario es ser espiritual.
La verdadera espiritualidad es la conexión consciente con una realidad superior y con el propósito profundo de la consciencia.
