Ya queda cada vez menos para empezar las clases presenciales de meditación y el gran problema al hablar de este tema es que está muy estereotipado y estigmatizado. Uno menciona meditación y la gente ya piensa en un yogui de barba blanca sentado a la orilla de un rio o en un monje tibetano de túnica naranja y cabeza calva contemplando la majestuosidad del Himalaya; otros piensan en alguna joven de ropa deportiva haciendo posiciones raras con el cuerpo. Nada de eso es meditar.
Meditar es dejar de lado la mente racional analítica del hemisferio izquierdo, para poder ingresar al mundo del subconsciente donde el sistema grabó y encriptó sus programas que nos hacen vivir en modo supervivencia con una identidad que no es la nuestra y con percepciones equivocadas de la verdadera realidad.
La Meditación nos lleva de la supervivencia a la vida abundante, del egoismo al altruísmo, de la separación del primer Adán a la Unicidad con el Postrer Adán. Pasamos de un estado material a un estado espiritual de transformación y restauración. En vez de aferrarnos a lo viejo conocido, pasamos a abrirnos a los misterios del Reino y para eso utilizamos herramientas puestas por Jesús que son las ondas cerebrales las cuales representan diferentes estados de consciencia.
Cada estado de consciencia es un don en si mismo ya que permite estar sereno y ser creativo (ondas alfa) penetrar al Reino interior (ondas theta) y adorar y orar de manera profunda (ondas gamma). Es en la meditación que puedo recordar mi futuro y empezar a vivirlo antes de que se manifieste como expresa Jesús en el Evangelio de Tomás; y eso hace que cambie la química de mi cuerpo, activando genes de salud y apagando genes de enfermedad. Eso es epigenética y Biología de las Creencias.
La mente analítica está siempre concentrada en el cuerpo físico, el tiempo y el espacio. La mente espiritual se concentra en la Eternidad sin tiempo lineal y en el ser espiritual.
LA MENTE DE CRISTO O CAMPO CUANTICO reconoce un único idioma: el lenguaje electromagnético de una mente renovada y un corazón transformado por el Amor de Dios expresado en Cristo. Ese lenguaje se gesta de la siguiente manera: los pensamientos son eléctricos y los sentimientos son magnéticos, esa unión de mente y corazón genera un lenguaje que El Mundo Espiritual sí entiende y responde por eso la verdadera oración es el sentimiento que acompaña a las palabras.
