Hola amado …
Es verdad, Francesco de Asís se teletransportaba y Magdalena de Jesús se elevaba muchos metros sobre el suelo cuando adoraba; y ella recorriendo Judea, encontró donde Jesús tomó la cena, con los discípulos de la localidad de Emaús. Teresa de Avila fue otro ejemplo, siempre hubo cristianos tan enamorados de Jesús que fueron revolucionarios para su época como nosotros lo seremos también, para la nuestra. Cosas que ojo no vio y que oído no oyó, son las que Dios tiene reservadas para quienes aman a Jesús más que a sus vidas. Y eso requiere ir más allá de la religión, aún del Movimiento de Reforma … «De la plenitud de Jesús tomamos todos y gracia sobre gracia» (Juan 1:16). Y eso significa que, cada día hay una nueva gracia por experimentar.
Cuando Jesús y Pablo hablaban del Sistema Mundo, nos debe caer el veinte de que ellos también incluían en el paquete Sistema Mundo a la religión, sus leyes, costumbres y tradiciones, para seguir con libertad a Jesús, había que salir del sistema en todas sus facetas. Hoy lo estamos haciendo. En Jesús ya no hay separación entre lo secular y lo espiritual; la iglesia evangélica tristemente sostiene esa separación: «!ah hermano, usted trabaja en el mundo!» Es la expresión común ante alguien que no es pastor o salmista o cualquier otra función de tipo eclesiástica. Jesús está con nosotros en las tareas más cotidianas y en las experiencias más sobrenaturales. Él es todo en todo y «La Completa Totalidad de Dios habita en forma CORPORAL en Cristo y en Él experimentamos esa Plenitud porque Él es la Cabeza de cada Reino y autoridad en el Universo» (Colosenses 2:9-12). El gran misterio del Dios Humano: Jesucristo.
Y el Jehováh o Yahweh del Antiguo Pacto es en realidad Jesús. No hay un Dios del Antiguo Pacto y un Dios del Nuevo Pacto. Hay un solo Dios, Adonay Echad. Los asesinos aman la sangre, por eso matan. El Padre nunca fue asesino, a Jesús no le arrebataron la vida. Él la entregó por amor. Sólo la Sangre más pura podía anular el Viejo Pacto y el derramamiento de sangres de origen animal que, para nada cambiaban al corazón humano. Jesús con su sangre destruyó al antiguo asesino sediento de sangre y destruyó a la muerte tal como Él mismo lo había expresado: «Oh muerte Yo seré tu final» (Oseas 13:14).
!Hay tanto aún por vivir y experimentar en Cristo!
